En el tenue arrancar de éste año, que se perfila en el imaginario colectivo como un año en el cual depositar la esperanza, se vislumbra un horizonte con la vacuna capaz de cambiar el rumbo de la crisis sanitaria que estamos atravesando. Y sin embargo, además del peligro del virus, se suma el peligro de la desinformación. Falsos reportes, fotos, audios, artículos... Todo apuntando a operar contra los hechos. Creerle a una foto o un texto en la era de los deep-fake es, por lo menos, naive. Por ejemplo, apenas empezó la pandemia, decían que era mentira. Cuando la verdad fue inocultable, se culpó al 5G. Cuando se extendió en países que apenas tienen conectividad, se pusieron en tela de juicio los testeos. Cuando los muertos pululaban, hablaron de tumbas vacías. Siempre el absurdo y la contradicción. (Me ahorro enumerar más idioteces, repetidas por amigos y amigas desesperados de darle una explicación a una situación que está fuera de nuestro control). Ahora, en el mercado farmacéutico...