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Sobre el Estado, las vacunas, los márgenes de la política y la inteligencia

En el tenue arrancar de éste año, que se perfila en el imaginario colectivo como un año en el cual depositar la esperanza, se vislumbra un horizonte con la vacuna capaz de cambiar el rumbo de la crisis sanitaria que estamos atravesando.
Y sin embargo, además del peligro del virus, se suma el peligro de la desinformación. Falsos reportes, fotos, audios, artículos... Todo apuntando a operar contra los hechos. Creerle a una foto o un texto en la era de los deep-fake es, por lo menos, naive. 

Por ejemplo, apenas empezó la pandemia, decían que era mentira. Cuando la verdad fue inocultable, se culpó al 5G. Cuando se extendió en países que apenas tienen conectividad, se pusieron en tela de juicio los testeos. Cuando los muertos pululaban, hablaron de tumbas vacías. Siempre el absurdo y la contradicción. (Me ahorro enumerar más idioteces, repetidas por amigos y amigas desesperados de darle una explicación a una situación que está fuera de nuestro control).
Ahora, en el mercado farmacéutico asoman varias vacunas, que el Estado quiere adquirir. Las malas lenguas, acaso terroristas de la información, dicen que no es confiable la vacuna. 

Éstos energúmenos, marginales de la política, chupasangres del pueblo quieren éso: Que nada cambie. Que la crisis sanitaria que acarrea una crisis económica no se detenga, que la gente viva con temor, que se desconfíe del Estado, que se erosionen las razones de las políticas públicas, que los estudios científicos queden en la nada. Que se crea que todo ha sido un invento, no una causa directa del sistema.

¡¿Para qué?! Para que todo siga igual, ya que los que siempre se benefician y enriquecen de cualquier crisis son ellos.  Para que se desconfíe del Estado, del rol del Estado como gestor y mitigador de los efectos de tales crisis. Para que cualquier política pública -cuyos destinatarios somos todes, pero particularmente los sectores vulnerables cuando el Estado está presente- sea vista con recelo. 

Me voy a permitir divagar:
A veces me pregunto si el ser humano es malo o bueno, o ambos, pero lo que más ruido me hace es el rol de la inteligencia.
Nos hemos ufanado de ser la especie inteligente por muchos siglos. 

¿A dónde nos llevó? Al borde de la destrucción, a las guerras, al saqueo de los recursos finitos y fundamentales para la vida, a la contaminación de nuestro hábitat, al precio de los alimentos, a la escasez de agua, a la incertidumbre ante la muerte. 

Quizás la conciencia de la muerte no es viable. Al saber que vamos a morir de una u otra forma, somos una especie suicida, al contrario de todas las demás especies que habitan éste mundo y que estarían mejor sin nosotrxs. O con nosotrxs en la misma que ellos: Al natural, más salvajes, más vivxs. (Quizás todas las teorías que tratan de resolver por qué no hemos hecho contacto con otra civilización no han tenido en cuenta que acaso la inteligencia humana es el primer experimento de éste tipo en la naturaleza, y evidentemente, ha salido mal).
Volviendo al tema de los antivacuna covid, y habiendo dado un pequeño rodeo filosófico, me vuelvo a preguntar si ésta gente es forra o pelotuda.
O un blend de ambas virtudes. Lo más probable es que gente muy mal intencionada tire ése tipo de información falsa y los crédulos la reproduzcan, en su afán de entender el mundo.
A la derecha y los grandes grupos económicos no le conviene que se sepa nada, pero la verdad está ahí: 

La pandemia es producto de los métodos de producción antinaturales y la globalización.

Cuando el Estado invierte en desarrollo, se consiguen avances científicos en tiempo récord.

Si paramos un poco la actividad humana, el mundo se empieza a limpiar. 

Los trabajadores esenciales no son los que se pudieron quedar en la casa haciendo business.


Y la desigualdad es un hecho inocultable, y al Estado se lo puede ocupar en distribuir mejor la torta. 


¿No le parece mal negocio para los que más tienen que empecemos a querer cambiar un poquito todo eso?


Sin embargo el pueblo entiende de solidaridad, amor, empatía, soberanía. Y con eso me alcanza para vislumbrar un futuro mejor.

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